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viernes, 1 de junio de 2012

La cuadripléjica Alana Swagerty y su invitación a sonreírle a la vida

«Hola, mi nombre es Alana Swagerty. Soy una estudiante junior de High School. Desafortunadamente, no pude terminar mis estudios, pues me fue diagnosticada la enfermedad Mielitis Transversal». 

Así empieza esta joven un video en el que cuenta su historia. Cinco minutos en los que transmite, no sin algunos momentos de emoción, la pasión que le mueve a seguir viviendo a pesar de quedar cuadripléjica por el resto de su vida. 

De San Diego (Estados Unidos), Alana es una joven llena de entusiasmo y de pasión por la vida. ¿Y qué es lo que más la distingue? Su eterna sonrisa: una que no ha cambiado a pesar de que desde hace cinco años ya no puede correr, bailar o abrazar a sus amigos.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Treinta años cuidando a su hija en estado vegetal

El 10 de noviembre pasado, el presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano, lo nombró Caballero de la República, un honor que pocos obtienen. Su hija Cristina, por su parte, recibió la ciudadanía honoraria de Boloña por un voto unánime del Consejo Comunal de la ciudad. ¿Y cuál es el mérito? Amar mucho. Sí: porque Romano Magrini ha dedicado los últimos treinta años de su vida a cuidar a su hija Cristina, postrada en estado vegetal.

Todo empezó el 18 de noviembre de 1981. Cristina tenía apenas quince años y un automóvil la embistió de frente mientras regresaba a casa después de un día de colegio. Ahí comenzó el calvario para Romano. Al principio le ayudó su mujer, pero hace nueve años que, en palabras de Romano, «se fue al cielo». Desde entonces, la cuida solo. Pero no se queja: «estoy contento. No me cuesta nada cuidar a mi hija». Palabras que van acompañadas de la pasión con que la atiende cada día. 

miércoles, 10 de agosto de 2011

Mis pequeños maestros de 9 y 10 años: tres lecciones después de un campamento de verano




En la primera quincena de julio estuve totalmente desconectado del mundo real y virtual. ¿Que dónde estaba? Pues tuve la oportunidad de estar como director de un campamento con 55 niños españoles entre 9 y 11 años. Fue una experiencia maravillosa y refrescante. Además de disfrutar de cada una de las actividades con ellos durante esos días en medio del hermoso paraje de la Sierra de Gredos (Ávila), pude volver a comprobar que los niños llegan a ser maestros de vida con sus comentarios y acciones cargados de inocencia. Regresé a Roma con muchas lecciones a mis espaldas de las que quisiera ahora, si me permiten, compartir tres con todos ustedes; aquellas que me parecieron especialmente emocionantes.