En la primera quincena de julio estuve totalmente desconectado del mundo real y virtual. ¿Que dónde estaba? Pues tuve la oportunidad de estar como director de un campamento con 55 niños españoles entre 9 y 11 años. Fue una experiencia maravillosa y refrescante. Además de disfrutar de cada una de las actividades con ellos durante esos días en medio del hermoso paraje de la Sierra de Gredos (Ávila), pude volver a comprobar que los niños llegan a ser maestros de vida con sus comentarios y acciones cargados de inocencia. Regresé a Roma con muchas lecciones a mis espaldas de las que quisiera ahora, si me permiten, compartir tres con todos ustedes; aquellas que me parecieron especialmente emocionantes.
