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viernes, 6 de abril de 2012

Las siete palabras de Cristo Crucificado hoy

«Cuando haya sido elevado, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12, 32). Hoy nos encontramos a los pies de Cristo en la cruz, a los pies de un moribundo. Y estamos aquí para acompañarle, para demostrarle nuestro amor profundo. Pero también para escucharle.

Suelen decir que las últimas palabras de una persona son sagradas, pues nos marcan con fuego el último recuerdo de la persona amada. Pero el agonizante que acompañamos no es uno más: es el Hijo de Dios. Y su muerte no es una más: a través de ella está redimiendo a la Humanidad. Estamos asistiendo, sin lugar a dudas, a la muerte más impresionante que el Universo podrá jamás presenciar. 

Y aún así alguno levanta una objeción: en realidad estamos ante uno mero cuadro. Cristo está dibujado ahí y, sí, sentimos tristeza y amargura… pero de un hecho pasado, algo que yo no viví en primera persona. Por eso no me impresiona tanto. 

San Pablo dice en la carta a los romanos: «nosotros, siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo en Cristo, siendo cada uno por su parte los unos miembros de los otros» (Rom 12, 5). Y este cuerpo está, hoy también, crucificado… y nos habla sus siete palabras. ¡Escuchémosle!

martes, 3 de enero de 2012

Una lámpara para Aurora

A Cristiano Birarelli y a su mujer se les ha enfermado su niña pequeña. Al principio creyeron que se trataba de una recaída normal: «La niña nos tiene así desde su nacimiento, hace ya dieciséis meses; siempre le han acompañado las fiebres», me dice Cristiano. Pero esta vez llegaron las convulsiones y la cosa empeoró.

El trago fue muy amargo y, no hay por qué negarlo, las lágrimas también hicieron acto de presencia. Y aunque el panorama se presentaba muy negro, no era imposible: acudieron al hospital con rapidez.

Desde el primer momento de la enfermedad de su niña, me confesaría más adelante mi buen amigo, él se dirigía constantemente al que mejor podía ayudar a su hijita: «Me fui a hablar con Cristo y le pedí que me ayudara, que curara a Aurora». Asistía con más asiduidad a la Iglesia, casi diariamente, para elevar su plegaria.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Treinta años cuidando a su hija en estado vegetal

El 10 de noviembre pasado, el presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano, lo nombró Caballero de la República, un honor que pocos obtienen. Su hija Cristina, por su parte, recibió la ciudadanía honoraria de Boloña por un voto unánime del Consejo Comunal de la ciudad. ¿Y cuál es el mérito? Amar mucho. Sí: porque Romano Magrini ha dedicado los últimos treinta años de su vida a cuidar a su hija Cristina, postrada en estado vegetal.

Todo empezó el 18 de noviembre de 1981. Cristina tenía apenas quince años y un automóvil la embistió de frente mientras regresaba a casa después de un día de colegio. Ahí comenzó el calvario para Romano. Al principio le ayudó su mujer, pero hace nueve años que, en palabras de Romano, «se fue al cielo». Desde entonces, la cuida solo. Pero no se queja: «estoy contento. No me cuesta nada cuidar a mi hija». Palabras que van acompañadas de la pasión con que la atiende cada día. 

sábado, 24 de septiembre de 2011

Virtudes a ritmo YouCat: una exposición musical (segunda parte)


 Cualquier corredor profesional sabe que el ritmo que se dé a la caminata debe ser siempre constante. No se puede uno detener, porque llega el cansancio o el sofoque pues, tarde o temprano, se acaba por dejar la marcha. Esto es lo que las virtudes hacen en la vida espiritual: ayudan a caminar constantemente por la vía de la perfección. Y, ¿se puede ser perfectos? Sí, pero al modo humano. ¿Es decir? Que se puede ser perfecto, pero con defectos y caídas. No podemos ser santos como Dios o como los ángeles. Tampoco somos máquinas que nos dan una orden de “no pecar” y ya. No. Nosotros caemos y nos levantamos. Y, sobre todo, buscamos amar. Esa es la perfección humana.

Pero en este recorrido, necesitamos continuamente de ayuda: somos, si se me permite la expresión, discapacitados de la gracia. Sin Dios, nada podemos hacer. Y por eso Él nos concede su ayuda constante.


En la primera parte de este artículo, analizábamos las virtudes cardinales, esa colaboración nuestra en nuestro camino de santidad. Hoy veremos las virtudes teologales, el punto de encuentro entre Dios (que nos las regala) y nosotros (que debemos cultivarlas). Ellas son el empuje de Dios para nuestra carrera; la savia que riega toda la planta de nuestra vida.

Aquí va, pues, esta segunda parte de esta exposición musical sobre las virtudes.

jueves, 9 de junio de 2011

Sung-Bong Choi: de vendedor de chicles a cantante

Su apariencia es de lo más ordinaria posible: una camisa a cuadros, un pantalón arrugado. Su caminar revela un nerviosismo cargado de timidez y su mirada, algo perdida, los años pasados en medio de sufrimientos.

Su nombre es Sung-Bong Choi, tiene 22 años y es de Corea del Sur. Se ha presentado al concurso de Corea’s Got Talent para probar suerte. «No canto muy bien. Pero cuando canto, me siento una persona diferente», dice Sung-Bong. Y es que su pasado no ha sido para nada fácil.

viernes, 20 de mayo de 2011

Omnipotencia de una sonrisa

Unas parejas preguntaron una vez a la Madre Teresa de Calcuta qué les aconsejaba ahora que estaban por comenzar su vida matrimonial. Ella les contestó con sencillez: «Sonríanse unos a otros».

¡Cuánta sabiduría en tan sencilla frase! Y efectivamente así es. ¡Cuánto puede hacer una sonrisa! Se puede llegar tan lejos. Recuerdo ahora la canción de Ana Torroja: «Tengo una sonrisa para regalarte, tengo mil cartas de amor y tengo todo el tiempo que perdí sin ver el sol».

martes, 26 de abril de 2011

El mito japonés

Durante mi adolescencia existía lo que nosotros llamábamos el mito japonés. Dicha leyenda consistía en la creencia de que Japón era el país más triste del mundo, gracias a la fuerte caída de la religión entre sus habitantes tras la desgracia atómica de la Segunda Guerra Mundial. Y para mis ojos juveniles de púbero recién salido del cascarón ir a ese país me parecía un sinónimo de la antesala del infierno.