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viernes, 31 de agosto de 2012

Diez imágenes que te ayudarán a vivir con entusiasmo

En la vida, especialmente en los momentos de mayor dificultad, necesitamos motivaciones que nos ayuden a seguir adelante, que nos impulsen a caminar con más brío, con más entusiasmo. Cada quien podrá citar palabras, consejos o discursos que le ayudaron a salir del hueco de la tristeza que, en muchas ocasiones, estaban hundidos. Pero creo que todos podrán dar fe que muchas veces el ejemplo de alguien fue mucho más contundente que una hora de predicación.
 
Hay imágenes que hablan por sí mismas y que son poderosas incluso en su sencillez. Este post quisiera ser, por eso, una pequeña galería de imágenes que te den entusiasmo para seguir viviendo, que te impulsen a darte cuenta de que puedes ser feliz, incluso en medio de muchos sufrimientos. Los protagonistas son personas que, de una u otra manera, tienen una discapacidad... pero que se descubre en el rostro la pasión por vivir. Aquí los tienes. ¡Vive con entusiasmo!

jueves, 26 de abril de 2012

Annie Clark: la caligrafía es más bella sin manos

Siete años, una gran sonrisa… y sin manos. Es la perfecta descripción de Annie Clark, una niña norteamericana de Pittsburgh, Pennsylvania (EEUU). Aunque  aquello que más le caracteriza en realidad su carácter decisivo: cualidad que le llevó a ganar la 21ª edición de la Competencia Anual de Caligrafía de los Estados Unidos para discapacitados. Un logro que ha conmovido al país entero… 

Su padre, Tom, dice con una sonrisa: «Mi hija siempre ha sido muy, muy autosuficiente. Es capaz de ir en bicicleta, de nadar, de abrir una lata de refresco o incluso de pintarse las uñas de los pies». Y claro, también puede vestirse y comer sola… circunstancia que ayuda mucho a su numerosa familia: Tom y Mary Ellen Clark tienen nueve hijos, tres biológicos y seis adoptados de China (Annie entre ellos).

martes, 31 de enero de 2012

Increíblemente diferente: un joven con autismo que está cambiando muchas vidas

Una. ¡Dos! ¡¡Tres!! ¡¡¡Cuatro!!! ¡¡¡¡Ciiinco!!! ¡¡SEEEIIS!!… Ejem, perdón. Lo que pasa es que no puedo creérmelo. ¡Metió seis canastas en el partido! Sí, claro, no es un número muy grande, pero para él es increíble. Pero… permítanme que les presente a Jason McElwain.

Jason es el ayudante de Jim Johnson, el entrenador del equipo de baloncesto del Greece Athena Highschool, en Rochester, (Nueva York, Estados Unidos). Echa una mano en todo lo que el equipo necesita: traer agua, ir pasando el balón en los entrenamientos, etc. Esto no es nada extraordinario, claro. Pero hay un pequeño detalle, algo perceptible en su mirada: Jason tiene autismo.

jueves, 19 de enero de 2012

El Kilimanjaro en silla de ruedas

No, no es una triste copia de la canción de Juan Luis Guerra («El Niágara en bicicleta»). Tampoco es una fábula o el título de un libro de superación personal, aunque mucho de eso también está presente. Es, sencillamente, la última proeza de un gran ser humano: el estadounidense Chris Waddell, paralítico de la cintura para abajo. 

Pero Chris no nació así. Apasionado del deporte, Chris era una de las grandes promesas de su país en el mundo del esquí, siendo él apenas universitario. Sin embargo, su vocación de esquiador quedó frustrada en marzo de 1988, cuando un terrible accidente le fracturó la columna vertebral.  

viernes, 23 de diciembre de 2011

Cuatro kilómetros son poco

La vieron arrastrarse a lo lejos y, por un momento, pensaron que era un animal. Pero a medida que se acercaba, aquella extraña figura delineaba mejor su identidad. Ya cerca, las religiosas se dieron cuenta que lo que tenían delante era una joven de 25 años llamada Olivia y carente de piernas.

Las Hermanitas de los Ancianos Desamparados viven en Chissano, Mozambique, y ahí atienden a sus queridos pobres, con todo el amor con que una religiosa enamorada de Cristo y de la gente es capaz. Todos los días atienden a las personas, les transmiten la fe y buscan paliar un poco el dolor en que viven.

sábado, 17 de septiembre de 2011

La compasión de los discapacitados

«Al principio, mi mamá no quería cargarme, ni amamantarme, ni nada de eso. […] Les tomó tiempo de darse cuenta que Dios no tuvo un error conmigo. Que no se había olvidado de ellos o de mí».

Estas palabras, venidas de la boca de esa sonrisa andante llamada Nick Vijucic, pueden parecer duras; de hecho, lo son. Y muchos experimentan una rabia tremenda. Pero cuando se descubre que Nick no tiene brazos ni piernas, la ira se transforma rápidamente en compasión.

Muchas veces me he preguntado qué sentirán personas como Nick cuando los ven un par de ojos cargados de compasión. ¿Gratitud? ¿Tristeza por sentirse diferentes? ¿Cansancio? Yo creo, más bien, que lo que muchos de ellos experimentan –no todos, claro está– deja a más de uno boquiabierto e incluso sospechoso de su autenticidad. Y es que estoy convencido que son ellos los que sienten compasión de nosotros, los así llamados “sanos”. Y para demostrar esto, además de lo ya conocido de Nick, aquí unos botones de muestra.