viernes, 16 de noviembre de 2012

De Muhamed Fadel-Ali a Joseph Fadelle: el calvario de un musulmán que se encontró con Cristo

Son muchos los que creen que si viviéramos en un país bajo un régimen militar musulmán y alguno quisiera convertirse al cristianismo, bastaría buscar una comunidad cristiana en ese país y ya. La realidad, sin embargo, es muy distinta. La Sharía, ley islámica que prohíbe la apostasía y el proselitismo, crea una especie de parálisis en la sociedad en este campo. Si no lo creen, pregúntenselo a Joseph Fadelle, convertido al catolicismo.
 
Nacido en una noble familia chiita en Irak, a Muhamed se le podía considerar de la realeza árabe. Era el hijo favorito y el sucesor de la dinastía; de ahí que lo llamaran Muhamed. Todo prometía un futuro próspero, pero algo cambió.


Su paso por el ejército iraquí le hizo replantearse su fe. Ahí conoció a un cristiano que difería mucho de lo que le habían enseñado sobre el cristianismo. Esto le causó un profundo miedo. Pero, gracias al estudio y a su deseo de salir adelante, Fadelle se percató cada día de la verdad del cristianismo: comenzó a enamorarse de Jesucristo… algo tan radicalmente diferente a lo que había experimentado en el Islam.
 
Pero los obstáculos no se hicieron esperar. Su padre, según la costumbre musulmana, le obligó a casarse sin ni siquiera preguntarle y, por lo mismo, sin él poder expresar sus dudas sobre el Islam. Durante los primeros años de matrimonio, Joseph continuó con su búsqueda secreta de una comunidad cristiana que lo acogiese, lo bautizase o, al menos, le permitiese atender la misa.
Bandera de Irak
 
Estas búsquedas hicieron a su mujer sospechar y lo acusó de estar viendo otra mujer. Ante esto, Fadelle arriesgó contándole la verdad… y ella tomó a sus hijos y volvió con su madre. Pero algo hizo que ella guardara la razón de su separación en secreto. Y, cosas de Dios, también sintió un gran deseo de conocer el cristianismo, lo que la llevó al bautismo y a ser la “María” de su “José”.
 
Desafortunadamente, la familia de Joseph se percató de su doble vida. Debido a ello, su padre lo metió en la cárcel y mandó torturarlo para que volviese al Islam. Esta medida fracasó y al final le permitieron volver a su casa, en una especie de arresto domiciliario… del que Joseph lograba escaparse de vez en cuando. Hasta que, por fin, sus amigos cristianos le ayudaron a fugarse a Jordania.
 
Pero ahí tampoco tuvo paz. Las autoridades del país tuvieron conocimiento de su situación e intentaron capturarlo y expulsarlo del país. Pero gracias a Dios y a la ayuda de lo que podríamos denominar la catacumba católica, él y su familia huían una y otra vez. Hasta que un día el padre y los hermanos de Joseph lo encontraron.
 
Furiosos, lo llevaron a una zona desértica. Argumentaron violentamente con él, pero sin éxito. Al ver el poco resultado, decidieron matarlo. Le dispararon por una pistola y lo dieron por muerto… pero, por una especie de milagro que ni él mismo se explica, sobrevivió.
 
Ante todo esto, Joseph decidió huir de Jordania. Gracias a la ayuda de amigos católicos, pudieron volar a Francia como refugiados. Y, para su satisfacción, fueron bautizados secretamente momentos antes de su partida, lo que significó para Fadelle el fin de más de trece años de camino para recibir este sacramento. En cierto sentido, significó la ruptura definitiva con un estilo de vida lujosa para irse a una cultura francesa que conocía poco y en una situación de relativa pobreza.
 
En el 2010, Joseph decidió contar su historia. Su libro El precio a pagar, ya traducido al español, ofrece pensamientos profundos sobre el cristianismo en un mundo islámico y, por supuesto, su propio recorrido. Un camino que aún no ha terminado, pues las páginas cierran con el deseo y la petición a Dios de la gracia de poder un día perdonar a su familia en Irak por todo lo que le hicieron. Algo que no es fácil, pero que, conociendo el tesón y la fe de Joseph Fadelle, seguro que lo conseguirá.

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