Parecía una normal reapertura de un negocio la que muchos vecinos de la zona norte de Las Vegas contemplaban esa tarde: Arturo Martínez-Sánchez, un mexicano afincado en los Estados Unidos, abría de nuevo al público las puertas de su gimnasio. Y, sin embargo, el acto era una declaración de guerra al odio y una muestra de heroísmo épica. Porque Arturo no sólo reabría un gimnasio sino que dictaba lecciones al mundo de lo que significaba amar, perdonar y seguir viviendo.
Arturo Martínez-Sánchez estudió derecho en México DF, donde conoció a Yadira, su esposa. Tras migrar ilegalmente a los Estados Unidos, consiguieron establecer un hogar, trabajando «verdadera y honestamente». Llegaron los hijos. Todo parecía ir viento en popa.








