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sábado, 29 de septiembre de 2012

Mi verdadera autobiografía

Mañana, si Dios quiere, cumplo 34 años de vida, un día propicio para elevar a Dios la mirada y agradecer todos los dones que en este recorrido vital me ha regalado.
 
Mientras más pasa el tiempo, me he ido preguntando si un día escribiré mi autobiografía, ese sueño que todo escritor anhela cumplir y al que, por lo menos eso parece, aún me falta mucho por llegar. Porque intuyo que Dios me tiene preparado un camino largo para seguir dando lata por este valle de lágrimas... sobre todo porque no estoy para nada preparado para encontrarme con Él en el cielo. He sufrido aún muy poco por Dios y por los hombres.
 
Sea lo que sea, ¿qué escribiría en mi autobiografía? ¿A qué etapas le daría revelancia? ¿Mi nacimiento, mi niñes, la etapa familiar de los primeros años, mi vocación al sacerdocio en la Legión de Cristo? ¿Y si se me escapan hechos que, aunque pequeños, forjaron parte esencial de mi vida?

viernes, 30 de septiembre de 2011

Mi lista de cumpleaños

Decía el buen Don Quijote que «de gente bien nacida es agradecer los beneficios que recibe» y creo que ningún día se presenta más al caso para ejercitar la gratitud que el aniversario de tu nacimiento. Y aunque no es del todo evangélico volver la vista atrás para mirar el pasado, en ocasiones creo que hasta Cristo mismo cerraría un poco los ojos y, sonriendo, dejaría hacer. Por eso en mi post de hoy, quisiera repasar con todos ustedes una lista de aquellas cosas que Dios me ha regalado y por las que invito a todos a darle gracias junto conmigo. ¿Me acompañan?

sábado, 30 de abril de 2011

Gracias a las sombras

De todos los cuentos infantiles, el de Peter Pan se lleva un puesto de honor. Todo el relato emociona, como aquel momento emblemático de la persecución del niño de Nunca Jamás a su sombra. Una búsqueda de enormes esfuerzos que acaba en una pelea de esa sombra huidiza con su “soberano”. Sólo al final, Wendy consigue coserla a los pies de Peter, dejándola así aprisionada.

Miren por dónde, a nuestro queridísimo Juan Pablo II, mañana beato, le sucedió algo parecido, pero al revés. Una sombra le acompañó, atándosele en todo momento; de modo especial en sus últimos días.