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miércoles, 24 de abril de 2013

Donal Walsh, el enfermo terminal de 16 años que quiere acabar con el suicidio


Cuando tienes dieciséis años, todo es sueño: la carrera, un futuro noviazgo, metas que conquistar, el futuro. Pero para Donal Walsh el sueño se transformó en pesadilla cuando le diagnosticaron un cáncer terminal que, de golpe y porrazo, desplomó toda aspiración de porvenir: «no tenía palabras para esta sentencia de muerte», dijo él. Y, no obstante, algo sucedió que transformó este drama en una historia de esperanza; algo que comenzó con una carta publicada por accidente en un periódico de Irlanda, su país natal.  
 
Nacido en Blennerville, Tralee (Irlanda), su batalla contra el cáncer comenzó hace cuatro años, con un tumor en la pierna, con tan sólo doce primaveras a sus espaldas. Pasó por quirófano y por quimioterapia, lleno de enojo y preguntas; mucho qué pensar y mucho tiempo a disposición.  
 
Cuando todo parecía solucionado, volvieron las noticias de mal agüero: otro tumor, pero ahora en un pulmón. Resignado, regresó al camino que había jurado nunca volver a recorrer. Pero era eso o morir. Optó por luchar de nuevo.

domingo, 15 de abril de 2012

Las palabras de vida de Susanna Campus escritas con los ojos

«Me llamo Susanna y hasta los 15 años tenía una vida “normal”. Después llegó el clásico “mazazo en la cabeza”: me diagnosticaron SLA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) y desde entonces mi vida cambió radicalmente». 

Con estas palabras Susanna Campus empieza su primer artículo como colaboradora del portal italiano Tempi. La introducción a su vida, contada con naturalidad en unas pocas líneas, es una invitación que lanza al corazón de sus lectores: deseos profundos de vivir. 

«Soy sarda, de Sassari, y trabajaba como orfebre, a la vez que enseñaba orfebrería en el Instituto de arte de Tempio. Me sentía realizada en mi vida, tenía dos trabajos que me gustaban y –para ser justos y claros– nunca era el tipo de persona que perdía el tiempo viendo un horario. Trabajar siempre ha sido una diversión. He viajado por media Europa, encontrando todo interesante: usos y costumbres de los demás países, sus bellezas artísticas. Si me hubieseis conocido en ese momento, os habríais topado con una persona a la que le gustaba todo, que no se detenía en ningún momento y que hacía todo con un alegre frenesí». 

sábado, 7 de mayo de 2011

Un oculista en el Huerto de los Olivos

Un niño se me acercó un día y me preguntó con una sonrisa dibujada en su rostro: «¿Sabes por qué los miopes no son creyentes?». Por mi mente, pasó veloz el rostro de mi padre con sus gafas; sonreí. «No –respondí– ¿Por qué?». «Porque no pueden ver el más allá» y así como respondió, se tiró al suelo a carcajada limpia.

¡Un chiste no muy bueno… pero profundo! Me hizo reflexionar mucho. Sobre todo me hizo ver cuánto necesitamos de oculistas en este mundo, especialmente ahora en nuestra España, en donde ciertas leyes quieren abrir las puertas a la eutanasia, (un ejemplo en Hazte Oir: http://bit.ly/jaQhAl). En un primer plano sólo ven el dolor y el sufrimiento, pero para el que usa “gafas”, la dignidad de la persona y el amor a ella se esclarecen en el fondo, en ese más allá que, por desgracia, no todos ven.

martes, 26 de abril de 2011

Diferencias que importan

Entre Luis y Curro existen diferencias evidentes. Nadie con un poco de sentido común los podría poner en el mismo nivel de importancia. Cada uno lleva su propio estilo de vida y ninguno de los dos sería capaz de llevar a cabo empresas del otro. Son, lo que se dice, antagónicos.