Dios te salve María / Llena eres de gracia / ...
Por Paulina Núñez
Cada vez que rezamos un Ave María, repetimos un tesoro encapsulado. Calculo que no tardamos más de 35 segundos en hacer esta oración, y ni la vida entera en desmenuzar tanto tesoro, bomba, vitamina, botiquín.
Decía Juan Pablo II en una de sus catequesis (8-V-96), que «llena de gracia» es la primera palabra que el ángel le dirigió, antes incluso que su nombre de pila. Esto nos dice cómo ve Dios a María, cómo la llamaba Él, cómo es alguien que se ha dejado llenar por Él. Ciertamente, la gracia siempre nos viene de Dios, pero el mérito de María estuvo en su apertura a esa acción de Dios. A veces podemos creer que Dios espera que "hagamos eso", "dejemos de hace aquello"... y sí, quizás sí, pero sólo si es consecuencia de haberle dejado a Él ser DIOS en nuestra vida, tal como lo hizo María. De Ella se dijo no “mucha gracia”, “sumamente habitada por la gracia”, o “ganadora de la plenitud de gracia”. No. Se la llamó "llena de gracia". Y para precisar aún más este argumento, basta ir al origen etimológico de la palabra: en griego "kexaritomene" implica cierto tipo de acción realizada por Otro, algo así como "hecha llena de gracia". La que se dejó llenar por Dios.



