Christopher Yuan parecía tenerlo todo en la vida: dinero, sexo a
placer –en ese entonces practicaba abiertamente un homosexualismo beligerante–,
drogas que consumía y, sobre todo, distribuía. Nada parecía faltarle. Hasta que
unos golpes en su puerta dieron un giro radical a su existencia: agentes
federales entraron en su casa y lo
arrestaron por posesión de lo equivalente a 9,1 toneladas de marihuana.
Pero aunque en ese momento el mundo parecía derrumbarse para Christopher, la sentencia a prisión resultó ser el
primer paso de su redención.
Hijo de
inmigrantes chinos, Christopher nació en
los Estados Unidos; se educó en ese país. Sin embargo, desde muy niño nunca encontró un lugar entre quienes le rodeaban. De
estatura siempre pequeña, obligado a usar lentes y de complexión débil, recibió
muchos insultos en el colegio por tocar el piano y trabajar en el colegio con
más esfuerzo que los demás.
A los nueve años,
y mientras visitaba la casa de un amigo, Christopher
se topó con una revista pornográfica, una experiencia que le cambió la vida.
Así lo cuenta él mismo: «Esas imágenes despertaron en mí algo que no sabía que
estaba ahí. Pero lo curioso fue descubrir que me sentía atraído hacia las
imágenes tanto de hombres como de mujeres».
