viernes, 29 de junio de 2012

Los héroes silenciosos de nuestras crisis

La mañana había sido caótica en todos los sentidos. Fui a las oficinas gubernamentales para renovar mi residencia en Italia y por tercera vez consecutiva la burocracia romana me había jugado una mala pasada: las máquinas habían fallado y no pude hacer los trámites necesarios.

De mala gana y sin tener otra cosa que perder, acompañé a la farmacia al sacerdote que había venido conmigo, dado que tenía que hacer los pagos del mes que el seminario hace. Como tenía que rezar aún mi breviario, le dije que le esperaría fuera. Y ahí fue cuando todo sucedió...

A los cinco minutos en que empezaba a elevar mis plegarias, un señor de unos cuarenta años aproximadamente se plantó a la entrada de la farmacia. Parecía indeciso e inquieto. Nunca puso pie dentro del edificio, pero su mirada se paseaba ansiosa por el interior. De pronto, y como si le hubiese picado algo, se separó del recinto y empezó a pasearse a unos veinte pasos a la derecha con aire agitado.

Sí, me distraje un poco en mis oraciones, pero es que me intrigaba la actitud del señor. ¿Qué le pasaba? ¿Estaba loco? ¿Quería tal vez robar algo o simplemente esperaba a su esposa que se tardaba más de la cuenta dentro? Sin necesidad de ir a preguntarle yo mismo qué hacía, pronto una presencia resolvió mis dudas.

De la farmacia salió otro señor de la misma edad aproximadamente. Iba con varias bolsas de plástico en cada mano y, con una sonrisa pintada en la cara, se acercó al que, inquietante, le había estado esperando. Ante mis ojos se desarrolló este emocionante diálogo:

- Aquí está lo que necesitas, Francesco. Si necesitas algo más, no dudes en decírmelo.
- Mil gracias. No sé qué haría sin ti... Cuando pueda te lo pagaré: déjame que salga de esta crisis.
- Venga, no te preocupes. Ve con María y con tus hijos. Ellos son los que lo necesitan.

Volviendo a agradecer a su bienhechor, Francesco salió corriendo calle arriba.

Una vez que se perdió de vista, el caritativo farmaceuta se percató de mi presencia. Me sonrió y, encogiéndose de hombros, entró de nuevo a la farmacia.

Todo el enojo que tenía encima desapareció por arte de magia. Ante mis ojos se había desarrollado uno de esos momentos que, estoy seguro, están sosteniendo nuestro mundo en medio de una crisis económica, moral y espiritual. Personas que son pilares, roca firme, héroes silenciosos de la enfermedad del desamor, del desaliento, de la tristeza. Con la emoción aún latente y a flor de piel, reinicié mis rezos, pidiendo a Dios por la familia de Francesco y por su desconocido y desinteresado amigo.

Y ahora, queridos lectores, quisiera pasarles a ustedes el pendón y el protagonismo de este artículo. Porque estoy plenamente seguro que todos hemos vivido experiencias como ésta. Actos de bondad, de perdón, de fuerza de voluntad, etcétera. ¿Conocen alguna? Pues no dejen de compartírnosla en la zona de comentarios en la parte inferior de este artículo.

¡Mostremos al mundo que, en medio de toda crisis, siempre hay héroes silenciosos! Démosles voz a todos ellos.

6 comentarios:

  1. Hace 2 semanas tuve la Oportunidad de Ayudar a una Mujer que andaba en un centro comercial pidiendo dinero para comprar Comida para Ella y para Sus Hijos.
    Como No me gusta darle dinero a la gente (por que ya he tenido malas experiencias en donde me entero que en realidad No lo necesitaban o no lo utilizaban para lo que lo pedían) preferí decirle: "No se ofende si yo le compro un poco de comida?", "No" dijo la señora, fue lo que hice, compré 2 platillos de comida China(Que era lo que yo estaba comiendo) y se los dí a la señora.
    Me hubiera gustado traer Mas Dinero para haberle comprado un poco de Despensa a la señora, pero no fue posible, mi trabajo me permite vivir Dignamente, me encantaría tener mas recursos para realizar acciones as Grandes, pero mientras tanto, Ayudo en lo que Puedo.
    Espero que mi historia les haya Gustado y que sirva de ejemplo para quienes leen este Blog, sepan que no se necesita tener Mucho dinero para hacer Buenas Obras!
    Saludos :)

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  2. Estaba yo en el mercado con mi esposo y teníamos hambre, así que decidimos comprar una tostada con nopales. Mientras la señora nos preparaba la tostada una niñita como de 7 años se me acerco y me dijo que le comprara una muñequita de las llamadas "Marías" y yo le respondí que no. En ese momento le vi los ojitos y sentí que el corazón se me apachurro y el niño se fue. Me quede inquieta y le pedí perdón a Dios y le dije : mandamelo otra vez x favor. Terminando la tostada nos fuimos a recorrer los puestos y cuando estábamos comprando garbanza sale la misma niña y me pode q le compre la muñeca, enseguida se la compre y me quede tranquila y agradecí a Dios x enviarla otra vez para reparar mi indiferencia. Saludos desde Mexico. Liz

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  3. soy un poco vago para escribir pero como joven del hogar os pongo la noticia de hace unos meses de suestro primer santo. Pedro que dio su vida por sus siete niños a los que cuidaba como un padre, parece que estas cosas solo pasan en la television pero... http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=20725

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  4. La semana pasada venía de prisa, de hecho de misa, con muchos pendientes, cuando vi a un pobre desamparado recostado en una banqueta. Mi primera reacción... seguramente un adicto o un flojo... pero gracias al Espíritu Santo que me recordó... y quién eres tu para juzgar... Me hizo llegar a casa y regresar con un paquete de comida. La mirada de agradecimiento y sonrisa me dió una experiencia de paz que te invito a vivir. Muchas veces nos detenemos a ser generosos justificandonos con mil pretextos perdiendo así la maravillosa oportunidad de ayudar a los otros.

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  5. Excelente post.
    Momentos de crisis dan origen a oportunidades para glorificar a Dios! Y nos recuerdan que debemos "amar al prójimo como a nosotros mismos". Sencillamente momentos que nos acercan más a Dios.

    Saludos,
    Purocatolico.blogspot.com

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  6. Hace un año, al salir de clase, me encontré con una chica junto a la parada del bus. Parecía estar recogiendo firmas y mucha gente la evitaba. Cuando se acercó a mí, me mostró el papel; estaba reuniendo firmas para algún tipo de centro para personas con dificultades auditivas; por gestos, me animó a que firmara y yo lo hice encantado. Cuando fui a devolverle la hoja, me tendió la mano, y entonces vi que, al final de la hoja, ponía que lo que realmente buscaban eran donativos. Yo soy estudiante, no tengo más dinero que el que me dan mis padres para comprar (estudio fuera de casa) y me da algo de reparo usar ese dinero para otra cosa. Le dije que no llevaba nada encima, pero ella insistía en que diera algo, lo que fuera, por lo que acabé dándole 5€. La verdad es que yo andaba con la mosca detrás de la oreja, sospechando quizás que por la forma de actuar yo acababa de ser víctima de un timo.
    Pero más tarde, viéndolo en perspectiva, creo que hice lo correcto; me crucé con una persona que me pidió ayuda y yo, aunque fuera algo forzado y a regañadientes, le ayudé. Quizás me engañaran, quizás no, pero mi intención fue buena, creo que fue la que Dios quiere que tengamos siempre: confiar en nuestros hermanos y ayudadles siempre que podamos.

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