Jugador espectacular de futbol americano, atlético y guapo. Esa era la descripción que las chicas en la universidad de Georgetown hacían de Janne Kouri. Pero para Susan, su novia, había algo más aparte de lo meramente físico: su alegría, su entusiasmo y el amor desinteresado que tenía por ella. El futuro que tenían por delante parecía de ensueño y digno de un cuento de hadas. Pero el 6 de agosto de 2006 un acontecimiento cambió el rumbo de su existencia. Janne jugaba voleibol playero con un grupo de amigos en un día soleado. Al terminar uno de los partidos, decidió refrescarse y corrió a lanzarse al mar. En el impacto, una fuerte ola de arena lo golpeó de lleno. El resultado fue desastroso: su médula espinal se fracturó, dejándolo, a partir de ese momento, paralizado del cuello para abajo.
«Mientras las olas me arrastraban y el agua me cubría, pensé que ese momento podría ser mi último aliento», cuenta Janne en una entrevista a la cadena de televisión estadounidense ABC News.

