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miércoles, 29 de febrero de 2012

Atea, judía o morir, la decisión de Alina Milan ante las puertas de la muerte

Alina Milan cursaba el quinto año de Derecho en la Universidad estatal de Moscú. Nacida en 1988, disfrutaba de una vida estudiantil serena… hasta que le detectaron Hidatidosis alveolar hepática, una enfermedad que consume el hígado, llevando a quien lo padece a una muerte segura. 

Urgida de un trasplante de hígado, Alina y su madre decidieron buscar soluciones, pues en Rusia no se practica aún ese tipo de operaciones. Consultando, volaron a Israel en octubre del 2010, concretamente al The Tel-Aviv Sourasky Medical Center. Ahí, Alina se sometió a unas pruebas preliminares, que lanzaron su veredicto: o se hacía un trasplante urgente o le quedaba, cuando mucho, dos semanas de vida. 

Madre e hija regresaron a Moscú con un serio dilema. Ese tipo de cirugías eran muy costosas y la familia no tenía medios para financiarla. Pero había una oportunidad que podría solucionar todos los problemas. Si Alina obtenía la ciudadanía israelí la operación se efectuaría de modo gratuito, pues implicaba el libre acceso a la atención médica estatal.  


domingo, 6 de noviembre de 2011

Manual de Hilaire Belloc para políticos

Dicen que la historia es maestra de vida. O debería serlo. Por eso siempre me ha gustado leer la vida de grandes personajes de nuestro tiempo: para aprender de lo que sus existencias nos han dejado y poder usarlos como faros en medio de un mundo que se obstina en perderse en el camino. De entre los diversos volúmenes que han caído a mis manos últimamente, ninguno me ha golpeado tanto como el de Escritores Conversos, de Joseph Pierce. Sus páginas van desgranando personalidades de la Inglaterra de inicios del siglo XX que descubrieron a Dios en algún momento de su vida. Figuras como Oscar Wilde, G. K. Chesterton, Ronald Knox, C. S. Lewis o Dorothy Sayers golpean la conciencia de quienes vamos descubriéndolos y nos fascinan con la provocadora fuerza con que Dios entra en sus vidas.  

jueves, 5 de mayo de 2011

El átomo acomplejado

Einstein dijo una vez una frase que me parece la radiografía de nuestra sociedad: «¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio».

Y parece que uno de esos prejuicios es afirmarse abiertamente como católico. Recuerdo, por ejemplo, una vez que salí a comer con unos amigos. Cuando íbamos a rezar antes de la comida, uno de los presentes dijo: «¿Qué van a pensar los demás? ¡Hagámoslo en privado!». Un buen amigo le contestó: «Mira, si a esos novios de la mesa de enfrente no les da vergüenza besarse, acaramelados, en público, ¿por qué me va a mí darla el rezar?».

Esta vivencia abierta de la fe parece estar en peligro de extinción. Es por eso que me ha entusiasmado leer un reportaje, que resumía una entrevista televisiva a tres personajes famosos de Estados Unidos –dos escritores y un entrenador de béisbol– que han contado la influencia de la fe en sus vidas.