Multimillonario y famoso, galán de varias actrices de Hollywood, jefe de uno de los cárteles de droga más importantes del mundo y ser quien decidía, para decirlo con sus palabras, «a qué Presidente teníamos que sobornar». No, no es la descripción del personaje de Al Pacino en Carlito’s Way o de Marlon Brando en El Padrino. Es el simple retrato de Jorge Valdés.
Cubano de origen, Jorge es consciente de que su vida representa un milagro. Salido de Cuba cuando Castro llegó al poder, perdió la fe al no entender la pobreza económica en que vivía su familia en sus primeros años en Estados Unidos. Los ruegos de su madre resultaron vanos: se declaró agnóstico.
Después de graduarse como contador, un profesor le pidió ayuda para unos clientes suyos que trabajaban en un almacén. Accedió y descubrió que «se trataba de los cabecillas del “Cartel de Medellín”», con los que empezó a colaborar ayudándoles a lavar dinero en el extranjero, manejando unos cincuenta millones de dólares al mes.

