«Cuando estamos enfermos, cuando el terror psicológico o físico se apodera de nosotros, cuando nuestros hijos mueren en nuestros brazos, gritamos. Que ese grito resuene en el vacío, que sea un reflejo perfectamente natural, incluso terapéutico, pero nada más, es casi imposible de soportar».
Estas líneas de George Steiner han revoloteado en mi interior al ver una imagen que se ha reproducido por internet con los atentados terroristas más grandes de toda la historia (gracias a Bin Laden y compañeros). Repasando, recordé mi estancia en Madrid y las caras pintadas de sufrimiento y angustia que sellaron el 11 de marzo de 2004, y que aún nos persiguen como fantasmas de ultratumba.

