viernes, 30 de septiembre de 2011

Mi lista de cumpleaños

Decía el buen Don Quijote que «de gente bien nacida es agradecer los beneficios que recibe» y creo que ningún día se presenta más al caso para ejercitar la gratitud que el aniversario de tu nacimiento. Y aunque no es del todo evangélico volver la vista atrás para mirar el pasado, en ocasiones creo que hasta Cristo mismo cerraría un poco los ojos y, sonriendo, dejaría hacer. Por eso en mi post de hoy, quisiera repasar con todos ustedes una lista de aquellas cosas que Dios me ha regalado y por las que invito a todos a darle gracias junto conmigo. ¿Me acompañan?

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Un canto materno que nació del cáncer

La viveza de los ojos de Pamela Cook te llega al alma. Su mirada destella energía y entusiasmo, aunque dejan entrever que su vida no ha sido fácil. De hecho, ya su corte de pelo nos revela, a primera vista, la cruda realidad de su pasado. Y es que Pamela pasó recientemente por un cáncer de mama.

Pero aunque la mención de esta palabra tabú -el cáncer- produce ya un sentimiento de compasión hacia esta joven australiana de 30 años, las fibras del corazón de cualquiera se alteran cuando ella cuenta que le detectaron esta enfermedad en su cuarto mes de embarazo.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Virtudes a ritmo YouCat: una exposición musical (segunda parte)


 Cualquier corredor profesional sabe que el ritmo que se dé a la caminata debe ser siempre constante. No se puede uno detener, porque llega el cansancio o el sofoque pues, tarde o temprano, se acaba por dejar la marcha. Esto es lo que las virtudes hacen en la vida espiritual: ayudan a caminar constantemente por la vía de la perfección. Y, ¿se puede ser perfectos? Sí, pero al modo humano. ¿Es decir? Que se puede ser perfecto, pero con defectos y caídas. No podemos ser santos como Dios o como los ángeles. Tampoco somos máquinas que nos dan una orden de “no pecar” y ya. No. Nosotros caemos y nos levantamos. Y, sobre todo, buscamos amar. Esa es la perfección humana.

Pero en este recorrido, necesitamos continuamente de ayuda: somos, si se me permite la expresión, discapacitados de la gracia. Sin Dios, nada podemos hacer. Y por eso Él nos concede su ayuda constante.


En la primera parte de este artículo, analizábamos las virtudes cardinales, esa colaboración nuestra en nuestro camino de santidad. Hoy veremos las virtudes teologales, el punto de encuentro entre Dios (que nos las regala) y nosotros (que debemos cultivarlas). Ellas son el empuje de Dios para nuestra carrera; la savia que riega toda la planta de nuestra vida.

Aquí va, pues, esta segunda parte de esta exposición musical sobre las virtudes.

sábado, 17 de septiembre de 2011

La compasión de los discapacitados

«Al principio, mi mamá no quería cargarme, ni amamantarme, ni nada de eso. […] Les tomó tiempo de darse cuenta que Dios no tuvo un error conmigo. Que no se había olvidado de ellos o de mí».

Estas palabras, venidas de la boca de esa sonrisa andante llamada Nick Vijucic, pueden parecer duras; de hecho, lo son. Y muchos experimentan una rabia tremenda. Pero cuando se descubre que Nick no tiene brazos ni piernas, la ira se transforma rápidamente en compasión.

Muchas veces me he preguntado qué sentirán personas como Nick cuando los ven un par de ojos cargados de compasión. ¿Gratitud? ¿Tristeza por sentirse diferentes? ¿Cansancio? Yo creo, más bien, que lo que muchos de ellos experimentan –no todos, claro está– deja a más de uno boquiabierto e incluso sospechoso de su autenticidad. Y es que estoy convencido que son ellos los que sienten compasión de nosotros, los así llamados “sanos”. Y para demostrar esto, además de lo ya conocido de Nick, aquí unos botones de muestra.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Pregúntale al sufrimiento

El sufrimiento es una de esas realidades en la vida del hombre en las que se prefiere no pensar. Como una ventana a la que tenemos miedo de asomarnos, pues desconocemos el paisaje con el que nos toparemos. Y es entonces cuando la pregunta asoma tercamente en nuestro interior: «¿Por qué sufrimos?».

Me impresionó hace tiempo leer dos historias paralelas de la Segunda Guerra Mundial; dos caminos que, sin embargo, terminaban en metas diferentes: las de Ana Frank y Elie Wiesel.